La muestra está protagonizada por el artista sudafricano Igshaan Adams (Ciudad del Cabo, 1982), cuya práctica multidisciplinar entrelaza lo personal y lo político a través de materiales, gestos y formas. Su obra explora cuestiones como la raza, la religión, la sexualidad y la memoria, inspirándose en su propia biografía y en el contexto social marcado por el apartheid en el que creció.
Uno de los ejes centrales de esta exposición es el diálogo entre el tejido y el movimiento. A partir de colaboraciones con bailarines, Adams ha desarrollado un proceso creativo en el que los cuerpos se desplazan sobre superficies preparadas, generando “huellas de danza” que registran gestos colectivos. Estas marcas funcionan como partituras visuales que recogen experiencias compartidas y procesos de liberación emocional y física.
Las obras presentadas en Bilbao proceden de performances realizadas en Atenas en 2024. A partir de esas acciones, el artista ha transformado las monotipias resultantes en grandes tapices textiles suspendidos en el espacio. Estas piezas permiten al visitante desplazarse entre ellas, rodearlas e incluso observar sus dos caras, creando una experiencia inmersiva en la que el cuerpo del espectador también forma parte de la obra.
La instalación se completa con elementos textiles que flotan como fragmentos de color y movimiento, reforzando una atmósfera que combina lo lúdico y lo solemne. En conjunto, la exposición propone el acto de tejer como una práctica corporal y comunitaria, capaz de dar forma a fuerzas invisibles como la memoria, el ritmo o la empatía, y de funcionar como herramienta simbólica de reparación.
Comisariada por Lekha Hileman, la exposición se despliega en las salas 204 y 208 del museo, consolidando la serie in situ como un espacio para la experimentación artística contemporánea y el diálogo entre disciplinas.
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