Comisariada por Catalina Lozano —en diálogo constante con el artista Louidgi Beltrame—, la exposición reúne a más de una veintena de artistas y colectivos de contextos diversos. Sus obras no buscan describir culturas ajenas ni fijarlas en un relato estable, sino cuestionar los propios dispositivos de representación: quién mira, desde dónde y con qué consecuencias. Aquí, la cámara deja de ser una herramienta de captura para convertirse en un espacio de fricción, negociación y, en ocasiones, autorrepresentación.
El punto de partida es revelador. Las reflexiones de Maya Deren tras su trabajo en Haití, y su renuncia a montar las imágenes filmadas del vodou, introducen una ética de la renuncia: abandonar la manipulación estética para reconocer la integridad de lo filmado. Esa grieta en el documental clásico se amplía con la cita que da título a la muestra, tomada de Reassemblage (1982) de Trinh T. Minh-ha: “no hablar sobre, sino cerca de”. Mirar, pero aceptar ser mirados.
Desde ahí, la exposición traza una genealogía atravesada por el pensamiento decolonial, los feminismos y la cibernética, incorporando no solo cine y vídeo, sino también obras que expanden la noción de “imagen técnica”. El resultado es un conjunto exigente, a ratos hipnótico, que obliga al espectador a asumir su posición dentro de ese círculo de miradas. Como refuerzo crítico, Artium acompaña la muestra con un nuevo número de su serie editorial #Hitzak, que funciona casi como un segundo espacio expositivo: el de la lectura pausada y la duda persistente.
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