La compañía Yllana volvió a demostrar el pasado 16 de mayo en Mungia por qué sigue siendo una referencia del humor visual y el teatro gestual con ‘Trash!’, un espectáculo que transformó el escenario de Olalde Aretoa en una delirante planta de reciclaje musical. Durante más de hora y media, los cuatro intérpretes llevaron al público por un universo construido a partir de bidones, paraguas, bolsas de basura, cajas de herramientas o piezas metálicas convertidas en instrumentos de percusión y gags escénicos.
La propuesta, creada junto a Töthem, parte de una idea sencilla pero enormemente eficaz: convertir residuos y objetos cotidianos en materia escénica. Sobre esa base, el montaje despliega una sucesión de números musicales, coreografías y situaciones cómicas donde el ritmo es el verdadero hilo conductor. El espectáculo prescinde prácticamente del lenguaje convencional y se sostiene mediante sonidos inventados, gestos y pequeñas palabras sueltas que, lejos de dificultar la comprensión, refuerzan su carácter universal y accesible para públicos de todas las edades.
Desde los primeros minutos quedó claro que la conexión con el público iba a ser inmediata. La precisión rítmica de los intérpretes, la energía física y el humor visual hicieron que la sala entrara rápidamente en el juego escénico. A medida que avanzaba la función, el repertorio musical iba ampliando referencias reconocibles: fragmentos inspirados en música clásica convivían con guiños al rock, el pop o bandas sonoras populares, siempre reinterpretadas a través de utensilios reciclados y percusión corporal.
La estética industrial del montaje, reforzada por ventiladores gigantes, humo escénico y una iluminación cálida, contribuía a crear la sensación de encontrarse en una fábrica imaginaria donde cualquier objeto podía cobrar vida sonora. Esa capacidad para extraer musicalidad del desecho es precisamente una de las claves de ‘Trash!’, un espectáculo que, sin necesidad de subrayar discursos, introduce también una mirada lúdica sobre el reciclaje y la reutilización.
Uno de los momentos más celebrados de la noche llegó en el tramo final, cuando dos personas del público fueron invitadas a participar sobre el escenario. Lejos de convertirse en un simple recurso cómico, la integración de los voluntarios amplió el clima de complicidad que había acompañado toda la representación y terminó de desatar las carcajadas de la sala.
El cierre dejó además un gesto poco habitual que muchos espectadores agradecieron especialmente. Tras terminar la función, los cuatro artistas esperaron junto a la salida para despedirse personalmente del público, conversar brevemente con asistentes de todas las edades y agradecer su presencia. Un detalle sencillo que reforzó la cercanía de una compañía acostumbrada a construir espectáculos donde la comunicación directa con la audiencia forma parte esencial de la experiencia.
Con ‘Trash!’, Yllana volvió a confirmar en Mungia su habilidad para combinar teatro físico, música y humor en un formato ágil y familiar que convierte el caos cotidiano en un juego escénico tan ingenioso como contagioso.
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