La figura de Drácula se transforma aquí en el centro de una comedia desatada, irreverente y deliberadamente excesiva. Escrita por Gordon Greenberg y Steve Rosen, Drácula, una comedia terrorífica parte del universo creado por Bram Stoker para darle la vuelta a sus códigos y convertir el terror gótico en un juego escénico lleno de humor, seducción, equívocos y situaciones disparatadas.
La historia sigue a Jonathan Harker, un joven tímido que se dispone a cerrar una operación inmobiliaria sin imaginar que su cliente es el irresistible, narcisista y provocador Conde Drácula. Lo que comienza como un encuentro aparentemente formal acaba convirtiéndose en una sucesión de insinuaciones, mordiscos, malentendidos y momentos cada vez más absurdos. La llegada del vampiro desencadena una cadena de acontecimientos en la que entran en juego Lucy, Mina, el doctor Westfeldt y una particular versión de Van Helsing, decidida a poner orden en medio del caos.
La obra conserva los elementos reconocibles del mito, pero los utiliza como punto de partida para construir una comedia rápida y contemporánea. El universo oscuro y misterioso del relato original se llena de juegos de palabras, referencias a la cultura popular, humor físico y situaciones que explotan constantemente las convenciones del género. El resultado es una versión que juega tanto con quienes conocen bien la historia de Drácula como con quienes se acercan a ella por primera vez.
La adaptación al español está firmada por Sara Pérez y Javier Ruescas, mientras que Pérez asume también la dirección. Su propuesta escénica sitúa el juego teatral en el centro del espectáculo y aprovecha al máximo las posibilidades de un reparto obligado a transformarse continuamente. Los propios intérpretes participan además en la creación de efectos sonoros en directo, recuperando el espíritu de las antiguas emisiones radiofónicas y reforzando el carácter artesanal y lúdico de la función.
El montaje bebe de la comedia slapstick, del cine clásico de terror y de una tradición de humor absurdo que encuentra en la exageración uno de sus principales motores. Los cambios de personaje, la velocidad de las escenas y la capacidad de los actores para pasar de un registro a otro forman parte esencial de una puesta en escena concebida para mantener un ritmo constante y una relación muy directa con el público.
Alexandre Ars encabeza el reparto dando vida al Conde Drácula, un vampiro seductor, exhibicionista y consciente de su propio magnetismo. Junto a él, José Cobertera, Paula García Lara, Mercedes Salvadores y Víctor Nacarino completan un elenco de cinco intérpretes que asume más de quince personajes. Esta multiplicación de papeles se convierte en uno de los principales recursos cómicos de la obra, con transformaciones, entradas y salidas, cambios de identidad y situaciones que llevan la maquinaria teatral hasta el límite.
Más allá de la parodia, el espectáculo también juega con la personalidad de sus personajes y con la propia imagen del vampiro. Drácula aparece como una criatura tan peligrosa como extravagante, capaz de combinar arrogancia, deseo y una inesperada vulnerabilidad. Bajo la sucesión de bromas y situaciones imposibles asoma también la soledad de un personaje condenado a atravesar el tiempo, una dimensión que añade un pequeño contrapunto emocional a la comedia.
La puesta en escena busca convertir cada recurso teatral en parte del espectáculo. Escenografía, vestuario, iluminación y sonido se integran en una propuesta visual marcada por el exceso, el color y una estética camp que abraza sin complejos la teatralidad. Nada pretende pasar desapercibido: los gestos, los cambios de personaje y los propios mecanismos del escenario forman parte del juego.
Drácula, una comedia terrorífica propone así una revisión libre del gran mito vampírico, sustituyendo buena parte de la solemnidad del terror por una sucesión de carcajadas, deseo y caos. Una versión que respeta los elementos esenciales del imaginario de Bram Stoker al mismo tiempo que los desmonta con humor, convirtiendo colmillos, ataúdes y persecuciones en materia prima para una comedia frenética y profundamente teatral.
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