En un panorama musical cada vez más saturado de estímulos inmediatos y ritmos vertiginosos, hay artistas que escapan a la lógica de la velocidad para construir, en su lugar, universos delicados, íntimos y llenos de significado. Entre ellos se encuentra Amaia Miranda (Bilbao, 1993), guitarrista, compositora, productora y cantautora que, con apenas dos discos publicados entre 2022 y 2024, ha logrado situarse en un espacio muy particular dentro de la escena estatal: uno donde la sensibilidad y la búsqueda constante conviven con una identidad artística inconfundible.
Su nuevo trabajo, Cada vez que te veo lo entiendo —publicado el 24 de octubre bajo el sello Hidden Track Records— supone un punto de inflexión en su trayectoria. No porque reniegue de lo que ha sido hasta ahora, sino precisamente porque lo integra y lo expande. Este tercer disco, primero con la discográfica catalana, aparece como una declaración luminosa de crecimiento vital y artístico, donde la artista recupera una voz más abierta, más vital y más expansiva sin perder la intimidad que siempre ha caracterizado su forma de decir.
“No sé lo que es el amor, pero cada vez que te veo lo entiendo.”
La frase, que da título al disco, contiene la semilla de todo el proyecto: la idea del amor como motor de vida, como aprendizaje, como proceso transformador y no como certeza cerrada. Desde ahí, Amaia construye un repertorio que no habla del amor como destino, sino como camino.
Los adelantos del álbum ya señalaban esta dirección. “Amak dio”, publicado el 26 de septiembre, fue el primer gesto hacia un universo más cálido y personal. Inspirado en una conversación con su madre, el tema recoge esa voz generacional que marca raíces: el euskera como lugar emocional, la maternidad como refugio y la familia como eje que sostiene incluso en los momentos más inciertos.
El segundo adelanto, “Entre mi sangre y el llanto”, aparecido el 9 de octubre, introdujo una dimensión más introspectiva, donde la vulnerabilidad se vuelve fuerza. Con una producción delicada pero contundente, el tema actúa como puente entre la Amaia íntima de Cuando se nos mueren los amores y la artista más expansiva que encontramos en este nuevo disco.
Finalmente, el álbum completo llega con un tercer regalo: “Bizipoza”, una canción dedicada a Gorka Urbizu y a su equipo, con quienes Amaia lleva casi dos años de gira. El tema respira gratitud, comunidad y ese tipo de alegría que se construye en el trabajo compartido.
Uno de los aspectos más significativos del disco es la transformación vocal que experimenta Amaia. Lo que podría parecer un matiz técnico se convierte, en realidad, en parte esencial del relato artístico. Bajo la coproducción de Nacho Mur (La M.O.D.A.) y con la masterización de la reconocidísima Heba Kadry en Nueva York —cuyo trabajo para artistas como Björk o Bon Iver ha marcado tendencias en el pop experimental—, el disco adquiere un carácter expansivo, sin renunciar a la delicadeza.
Amaia experimenta aquí con registros más luminosos y agudos, con espacios más abiertos para la improvisación y la intuición. La decisión de grabar la voz por separado en determinadas canciones le permite explorar nuevas fórmulas expresivas, como si cada interpretación se situara en un lugar emocional distinto y cuidadosamente elegido.
El resultado es un trabajo donde su voz actúa como hilo conductor entre lo íntimo y lo expansivo, entre lo personal y lo colectivo.
Musicalmente, Cada vez que te veo lo entiendo es un disco que se mueve con suavidad pero con firmeza, que no necesita excesos para dejar huella. Las canciones respiran ternura, sí, pero también juego y reflexión. No hay impostación, sino una autenticidad que se manifiesta en pequeños gestos, en silencios, en la forma en que las guitarras se entrelazan con los arreglos.
La producción mantiene la línea estética que caracteriza a Amaia, pero le suma matices que abren nuevas puertas: ambientes más amplios, capas sonoras que funcionan como abrazos y melodías que parecen flotar sin perder arraigo.
Es un disco que mira hacia adentro, pero también hacia afuera. Que habla de la transformación personal, pero también del poder del vínculo humano.
Lo que resulta más emocionante de este proyecto es la claridad con la que el momento vital de Amaia se refleja en su obra. El disco parece decir: aquí estoy, sigo siendo yo, pero también soy otra, y es precisamente en ese tránsito donde ocurre la magia.
Amaia abandona definitivamente la idea de refugiarse únicamente en la tristeza —tema central de sus dos primeros trabajos— para abrazar la luz. Sin caer en ingenuidades, sin renunciar a la complejidad emocional, pero permitiéndose más espacio para respirar.
Amaia Miranda pertenece a esa categoría de artistas que crecen a través de su propio trabajo. Su recorrido hasta ahora es un ejemplo de evolución orgánica: ha colaborado con figuras como Christina Rosenvinge o Amaia Romero, ha acompañado a Gorka Urbizu en gira, ha trabajado como productora para artistas emergentes y ha sido reconocida internacionalmente —NPR seleccionó su álbum Mientras vivas brilla entre los 50 mejores del año 2024—.
Este nuevo disco confirma que su crecimiento no tiene techo y que su voz se consolida como una de las más sensibles, honestas y valientes de la escena.
La publicación del álbum viene acompañada de un extenso tour que llevará a Amaia por diversas ciudades:
26 octubre – Festival Accents, Tarragona
9 noviembre – Kataku, Bera
23 noviembre – Auditori, Girona
28 noviembre – Sala B, Madrid (con The Vernon Spring)
30 noviembre – El Molino, Barcelona
21 diciembre – Kult Parnasoa, Gernika
27 diciembre – Txokoto Taberna, Elizondo
28 diciembre – Dabadaba, Donosti
1 febrero – Jazzcava, Vic
5 febrero – Kafe Antzokia, Bilbao
6 febrero – Unicaja, Almería
11 febrero – El Refugi Sonor, La Seu d’Urgell
10 abril – Porqueres, Girona
Esta gira no solo presentará las canciones del nuevo álbum, sino que permitirá ver a la artista en ese espacio donde mejor se expresa: el directo. Allí donde guitarra, voz y presencia forman una unidad que transforma lo íntimo en compartido.
Cada vez que te veo lo entiendo no es solo un tercer álbum.
Es una declaración de crecimiento, una síntesis emocional y sonora, un paso firme hacia un futuro artístico fecundo. Amaia Miranda entrega aquí una obra que conmueve sin estridencias, que abraza sin invadir y que confirma su lugar en una nueva generación de creadoras que están redefiniendo la canción de autor contemporánea.
Es un disco que no se escucha: se acompaña.
Se habita.
Y, como la frase que lo inspira, se entiende un poco más cada vez que vuelve a sonar.
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